En un instante, los confines del espacio-tiempo se desdibujan y se abre un portal hacia Venus, la joya ardiente, amada llama gemela de Gaia. Desde el portal fluyen códigos de luz, paquetes de información divina, fragmentos de un conocimiento remoto amorosamente guardados a la espera de este momento.
Estos códigos retornan por fin a la Tierra, buscando un nuevo hogar en corazones receptivos. Un grupo de personas se convierten en receptáculos de este conocimiento sagrado y como antorchas encendidas, irradiando una frecuencia que resuena con la memoria ancestral del planeta.
Desde las profundidades del océano, un eco perdido en el abismo de los tiempos se despierta, vibrando al unísono con los corazones de aquellos que han sido llamados. Un resurgimiento comienza a tomar forma, como un titán dormido despertando de su letargo.
El océano, con un suspiro profundo y solemne, libera su carga de eras olvidadas. Una combinación de misterio y redención, de exploración entre lo divino y lo humano, de unión y de transformación.
Lemuria es un lugar en el corazón, es una memoria dormida del pasado, una antigua canción olvidada. Es un latido en tu conciencia divina, llena de vida y de luz que hoy resurge de nuevo ante ti. Es la pieza del puzle que necesitas para cerrar el círculo completo de tu existencia y regresar al hogar.
Es en este momento que miles de lemurianos son llamados desde la conciencia de Gaia para despertar y devolver a Lemuria al lugar que le corresponde. Porque Lemuria somos todos nosotros.
Si eres un buscador del Ser, una semillas estelar, un/a portador/a de las llaves de Lemuria, sea cual sea el modo en que te reconoces como hija/o de Lemuria:
Solo con tu intención, ancla los códigos Lemurianos en tu ADN, abre tu corazón al llamado de tu alma.